“Mamá está en urgencias y necesita 2.650.000 pesos para operarse hoy”, me dijo mi hermano. Corrí al hospital creyendo que podía perderla, pero una enfermera me agarró antes de entrar y susurró: “Escóndete aquí y no hagas ruido”. Saqué mi teléfono y empecé a grabar. Entonces escuché a mi madre preguntar cuánto dinero le tocaría… y supe que todavía no había oído lo peor.

Ella siempre paga.

Como si fuera una tarjeta de crédito con piernas.

Mariana buscó lentamente su teléfono.

Bajó el brillo de la pantalla y activó la grabadora.

Entonces escuchó la voz de Elena.

—Nada más no vayan a hacerse los listos con mi parte.

Diego se volvió hacia ella.

—Mamá…

—Llevo desde las 6 de la mañana metida en esta bata horrible. Quiero los 300,000 pesos que me prometiste.

Mariana apoyó una mano contra la pared.

Lucía la observó, preocupada.

Pero aquello todavía no era lo peor.

Salgado miró a Diego.

—¿Y tu padre?

Diego sonrió.

—Ya cayó.

Sacó su teléfono.

—Le dije que el hospital exigía un anticipo inmediato de 900,000 pesos antes de preparar el quirófano. El viejo hizo la transferencia hace 20 minutos.

Elena rio.

—Arturo siempre entra en pánico cuando se trata de mí.

Mariana cerró los ojos.

Su padre había trabajado 37 años administrando una pequeña fábrica de autopartes en el Estado de México.

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