Pagué el taxi de una joven embarazada a la que varios conductores habían rechazado por ser pobre. “Es para visitar a mi mamá, se lo devolveré”, me prometió llorando. Le dije que no hacía falta y regresé a casa con mi perro. Pero al día siguiente la encontré limpiando la tumba de la única mujer que había amado… y cuando me dijo su edad, recordé la última mentira de mi padre.

Rosa negó lentamente.

—Ella nunca aceptó esas condiciones. Su padre le dejó el dinero de todos modos, pero Elena intentó devolvérselo.

—¿Entonces por qué desapareció?

Rosa tomó aire antes de responder.

—Porque su padre le dijo que usted había decidido terminar la relación. Le aseguró que usted estaba avergonzado de ella y que no quería que un embarazo arruinara su carrera.

Andrés cerró los ojos.

Recordó a Elena abrazándolo aquella última semana que vivieron juntos.

Recordó sus planes de rentar un departamento, casarse por el civil y comenzar una vida sencilla.

Recordó también las palabras de su padre cuando Alicia estaba hospitalizada.

«Hay muchas mujeres, hijo. Pero madre solo tienes una».

—Yo jamás le habría dicho algo así —murmuró.

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