Me llamo Laurent y durante casi dos décadas he criado solo a mi hija Camille. Cuando mi esposa murió, Camille apenas tenía tres años. Desde entonces, mi vida giró alrededor de ella. No fue fácil, pero hice todo lo posible para que nunca sintiera que le faltaba una familia.
Ahora tenía 22 años, acababa de graduarse en Diseño Gráfico y había conseguido su primer empleo en una pequeña empresa creativa. Era independiente, inteligente y bastante reservada.
Por eso me sorprendió cuando una tarde me dijo:
—Papá, esta noche quiero presentarte a mi novio.