Aquella noche Julián apareció frente a mi residencia.
Llevaba el mismo traje de la gala.
Parecía no haber dormido.
—Clara, necesito decirte algo.
No abrí la puerta.
Hablamos a través del intercomunicador.
—Puedes comunicarte con mi abogado.
—Victoria me engañó.
Cerré los ojos.
—Tus decisiones fueron tuyas, Julián.
—No entiendes. Ella sabía cosas sobre ti.
Sentí que el corazón comenzaba a acelerarse.
—¿Qué cosas?
Julián guardó silencio.
Después respondió:
—Sabía que tu padre había dejado una fortuna.
Me quedé inmóvil.
—¿Desde cuándo?
Su voz tembló.
—Desde antes de nuestra boda.
Durante varios segundos no pude respirar.
—Julián, ¿qué estás diciendo?
—Victoria trabajó para un despacho que investigó las empresas de tu familia.
Apreté el teléfono.
—¿Y tú lo sabías?
El silencio fue demasiado largo.
Finalmente susurró:
—No al principio.
Sentí un dolor profundo.
—¿Cuándo lo descubriste?
1 thought on “PARTE 2 — LA DUEÑA DEL IMPERIO”