CAPÍTULO 1: LA BODA QUE CELEBRAMOS ANTES DE DESPEDIRNOS
Apenas habían pasado diez minutos desde que me casé con el amor de mi vida en una habitación de hospital cuando una enfermera me tomó discretamente del brazo.
Su expresión era tan seria que sentí un escalofrío.
—Señora, necesito decirle algo —susurró.
Miré hacia la cama.
Mi esposo, Benjamín, estaba dormido después de la pequeña ceremonia. Su rostro se veía pálido, sus manos estaban demasiado delgadas y una bolsa de medicamento colgaba junto a su cama.
—¿Pasó algo con su tratamiento? —pregunté, aterrada.
La enfermera negó lentamente.
—No exactamente. Pero antes de que se vaya esta noche, revise debajo de su colchón.
Fruncí el ceño.
—¿Debajo del colchón? ¿Por qué?
La mujer miró nerviosamente hacia el pasillo.
—Porque su esposo lleva semanas escondiendo algo ahí. Y creo que usted merece saberlo antes de que sea demasiado tarde.