Creí haber atrapado a mi esposa engañándome cuando la vi entrar a un hotel con un hombre y recibir de él un sobre lleno de dinero. “Algún día vas a lamentar no haberme escuchado”, dijo antes de firmar el divorcio. Seis años después fui al funeral de su madre y descubrí que aquel hombre, aquel sobre y dos niños escondían una verdad mucho peor de lo que imaginaba.

PARTE 1

—Si vas a seguir mandándole dinero a tu madre cada mes, por lo menos deja de actuar como si esta casa fuera un hotel —dijo mi mamá frente a todos—. Ya eres una mujer casada, Valeria. Y después de tres años, ni siquiera sabemos si algún día vas a darnos un nieto.

El tenedor de mi esposa quedó suspendido sobre el plato.

Mi padre, Joaquín, levantó la mirada de inmediato.

—Teresa, ya basta.

Yo también pude haber hablado. Debí hacerlo.

Pero me limité a murmurar:

—Mamá, no empieces.

En ese momento pensé que estaba evitando una pelea. Años después entendí que callarme también era tomar partido.

Me llamo Daniel, tenía treinta y tres años y trabajaba como gerente de ventas para una distribuidora de materiales en Puebla. Valeria y yo llevábamos tres años casados y vivíamos temporalmente con mis padres mientras ahorrábamos para comprar una casa.

Ella era contadora, tranquila, responsable y demasiado paciente con mi madre.

Cada mes enviaba parte de su sueldo a Elena, su mamá, que atendía una pequeña tienda de abarrotes en Atlixco. A Teresa aquello le molestaba.

Pero lo que más la obsesionaba era que Valeria y yo todavía no tuviéramos hijos.

Llegaron los remedios caseros, las recomendaciones de vecinas, las infusiones de hierbas y las preguntas humillantes durante las reuniones familiares.

—¿Ya se revisó ella?

Siempre “ella”.

Nunca yo.

Los médicos habían dicho que no existía ninguna anomalía importante y que debíamos tener paciencia. Sin embargo, mi madre parecía necesitar un culpable.

Una noche Valeria me preguntó:

—Si un día descubrieran que yo no puedo tener hijos, ¿qué harías?

Me reí y respondí:

—Pues seguir casado contigo. No compré una máquina para fabricar bebés.

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