Daniel seguía insistiendo en que todo era un malentendido.
Entonces Ricardo volvió a llamar.
—Elena, ya tenemos la información del registro. La vivienda sigue únicamente a nombre de Lucía, sin la hipoteca que Daniel afirma haber constituido.
—¿Y el almacén?
—Eso requiere una inspección. Pero hay algo que debéis saber. La sociedad de Daniel tiene deudas importantes y figura en varias reclamaciones de proveedores.
Le conté lo que habíamos visto en el jardín.
—No entréis por vuestra cuenta si hay un conflicto —me indicó—. Que lo revisen las autoridades correspondientes.
Uno de los agentes oyó nuestra conversación.
Pidió a Daniel que explicara qué materiales almacenaba allí y si podía acreditar la autorización para utilizar aquella parte de la finca.
Daniel se negó a responder.
Mercedes empezó a gritar que estábamos persiguiendo a su hijo.
La reacción solo hizo aumentar mis sospechas.