levantó la voz. No necesitaba hacerlo.
—Vamos a solicitar al banco el detalle completo de las operaciones. También presentaremos un aviso por posible uso indebido de sus accesos y pediremos medidas para proteger el inmueble.
—¿Y ellos?
—No los enfrente sola. Cuando regresen, no discuta sobre dinero ni sobre la casa. Si intentan entrar a sus cuentas, vender documentos o presionarla para firmar, llámeme.
La palabra “presionarla” me hizo recordar la mano de Mauricio contra mi cara.
No dije nada.
Teresa me miró con atención.
—¿La agredió?
Durante años había ocultado cada cosa que dolía porque me parecía vergonzoso admitir que mi propio hijo podía tratarme mal.
Pero esa mañana ya había entregado mi carpeta.
Ya había dejado de fingir que aquello era una pelea familiar.
—Sí.
Teresa anotó algo.
—¿Quiere denunciarlo?
Pensé en Sofía y Mateo en la playa. Pensé en sus voces emocionadas cuando me hablaron del hotel,