No imaginaba cuánto volvería a significar aquella imagen.
Llegamos al embarcadero cuando estaba oscureciendo. Después de agradecerle, encontré transporte hacia Veracruz.
A la mañana siguiente entré en el banco directamente, sin pasar siquiera por mi casa.
La ejecutiva que atendía nuestras cuentas se sorprendió al verme.
—Señora Mariana, creí que estaba de vacaciones.
—Necesito cancelar inmediatamente una solicitud que aparece a mi nombre. Es fraudulenta.
La mujer revisó la computadora y palideció.
—Tenemos documentos firmados digitalmente y una llamada de confirmación.
—No hice ninguna llamada.
Pidió que acudiera el encargado de seguridad.
Él examinó el expediente y después abrió un archivo de audio.
—Por procedimiento grabamos las autorizaciones telefónicas. Escuche esto, señora.
Una voz femenina comenzó a hablar.
Y al reconocerla, sentí que el corazón se me detenía.
La mujer que había intentado hacerse pasar por mí era alguien a quien conocía perfectamente.