Mi esposo aseguró que nuestra relación necesitaba una prueba: vivir juntos durante un mes en una cabaña perdida, sin celulares ni contacto con nadie. “Así sabremos si todavía vale la pena seguir casados”, me dijo. Pero apenas llegamos, inventó una emergencia y me dejó sola. Cuando descubrí que había llevado antes a su amante a esa misma cama, hice una llamada. Lo que averigüé sobre la empresa de mi padre fue todavía peor…

Pero lo que todavía ignoraba era que aquella infidelidad era apenas la parte menos peligrosa de su plan.

PARTE 2

Esa noche apenas pude dormir.

No entendía por qué Arturo había llevado primero a su amante a la cabaña y después a mí. Si quería ocultar su infidelidad, ¿por qué arriesgarse de aquella manera?

A la mañana siguiente, Nico apareció con uno de sus cachorros.

—Mi papá dice que en el cerro todavía entran algunas llamadas —comentó mientras desayunábamos.

Levanté la cabeza inmediatamente.

—¿Aquí hay señal?

—Poquita. Pero mi papá tiene teléfono. ¿Quieres usarlo?

Media hora después, Tomás me acompañó hasta una pequeña elevación detrás de la reserva.

Le expliqué que necesitaba comunicarme urgentemente con mi familia.

Sin hacer preguntas, me entregó su celular.

Marqué el número de mi madre.

—¡Mariana! —exclamó al escucharme—. ¿Dónde estás?

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *