Lo había llamado Capitán.
Cada mañana salían a caminar juntos.
Ver a mi padre recuperando la alegría fue uno de los regalos más hermosos de aquella etapa.
También llegó el momento de hablar nuevamente con Lucía.
Antes de hacer nada, le conté a Tomás que la había encontrado.
Se quedó largo rato en silencio.
—¿Quiere ver a Nico?
—Sí. Pero le dije que primero tenía que hablar contigo.
Tomás suspiró.
—Nunca le he prohibido acercarse. Lo que me preocupa es que vuelva a desaparecer.
Decidió conversar con su hijo.
Cuando Nico supo que su madre quería visitarlo, se puso nervioso.
—¿Y si viene y después se olvida otra vez?
Tomás lo abrazó.
—Eso no puedo prometerte que no suceda, hijo. Pero sí puedo prometerte que no tendrás que enfrentarlo solo.
Lucía llegó el sábado siguiente.