Levanté la mirada.
—¿Entonces quién?
Fernanda deslizó hacia mí una fotografía tomada durante una reunión con el intermediario financiero.
En la imagen aparecía Patricia, elegantemente vestida, sentada junto a un hombre desconocido.
Pero fue el documento que sostenía lo que me dejó sin aliento.
Era una copia de mi identificación oficial.
Y debajo aparecía una segunda firma falsificada.
En ese momento entendí que mi suegra no solamente quería echar a mi madre de casa.
Estaba intentando quitarme algo que me había costado quince años construir.
PARTE 3
Cuando Fernanda me mostró aquellos documentos, sentí una mezcla de rabia y miedo que jamás había experimentado.
Durante años había soportado las críticas de Patricia, sus comentarios sobre mi origen humilde y su obsesión por aparentar riqueza.
Pero una cosa era insultarme y otra muy distinta intentar utilizar mi patrimonio sin autorización.