PARTE 2: LA FIRMA QUE NUNCA PUSE – BOGHTAT

Fernanda miró las nueve páginas como si fueran una ofensa personal.

—¿Pretendes que paguemos todo esto nosotros? —preguntó.

Me acomodé los lentes.

—Eso es exactamente lo que hacen los adultos, Fernanda. Pagan sus propias cuentas.

Santiago se pasó una mano por el cabello.

—Mamá, sabes que estamos atravesando un momento complicado.

—Llevas quince años atravesando momentos complicados, hijo.

Fernanda golpeó la mesa.

—¡Emilia puede perder su escuela por tu culpa!

Miré hacia la sala, donde mi nieta jugaba con su conejo de tela.

—La educación de Emilia es responsabilidad de sus padres. Y si necesita ayuda, hablaré directamente con la escuela. No permitiré que la utilicen para exigirme dinero.

Fernanda abrió la boca, pero Santiago la detuvo.

—Mamá, necesitamos que restablezcas al menos las transferencias de la empresa.

Negué.

—No.

—Podríamos perderlo todo.

—Entonces tendrás que averiguar cómo evitarlo.

Mi hijo me miró con una expresión que no había visto

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