PARTE 2: LA FIRMA QUE NUNCA PUSE – BOGHTAT

Tres meses.

Una última oportunidad.

Una emergencia inesperada.

Pero

esa mañana algo había cambiado.

—No voy a restablecer las autorizaciones, Santiago.

Fernanda tomó su bolso.

—Entonces no esperes que Emilia venga a visitarte.

Sentí una punzada en el pecho.

Pero mantuve la voz firme.

—No castigues a tu hija por una discusión entre adultos.

Mi nieta apareció en la puerta.

—¿Por qué están gritando?

El rostro de Santiago cambió.

Me arrodillé con dificultad y abracé a Emilia.

—No pasa nada, mi cielo.

Ella me susurró al oído:

—Abuela, yo sí quería que fueras a cenar.

Cerré los ojos.

—Lo sé, preciosa.

Cuando se marcharon, la casa quedó silenciosa.

Recogí las tazas.

Guardé las nueve páginas.

Y por primera vez en mucho tiempo sentí que había recuperado una pequeña parte de mi vida.

Pero aquella tranquilidad duró menos de una hora.

A las tres y veinte sonó mi teléfono.

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