desde que era adolescente.
Resentimiento.
—Papá nunca habría hecho esto.
Aquellas palabras me dolieron más de lo que esperaba.
Rafael había muerto hacía cuatro años.
Durante los últimos meses de su enfermedad, Santiago apenas lo había visitado.
Sin embargo, después del funeral comenzó a hablar de su padre como si hubieran sido inseparables.
—Tu padre —respondí lentamente— fue quien me pidió que dejara de financiar tus caprichos.
Santiago palideció.
—Eso no es verdad.
Me levanté y abrí el viejo escritorio.
Saqué una carta escrita con la letra firme de Rafael.
La había guardado durante cuatro años.
—Tu padre sabía cuánto dinero te entregábamos. Y estaba preocupado.
Santiago no quiso leerla.
Fernanda se puso de pie.
—Esto es absurdo. Vámonos.
Mi hijo permaneció inmóvil.
—Mamá, por favor. Solo necesitamos tres meses.
Lo miré.
Durante décadas, aquellas palabras habían sido suficientes para convencerme.