Y luego me iba.
Siempre con la misma frase:
“Lo hacemos otro día.”
Mi móvil vibró encima de la mesa.
Mi madre lo miró antes que yo.
“Cógelo, si es importante.”
Ahí lo entendí.
Ella ya no esperaba que me quedara.
Había aprendido a dejarme marchar.
Cogí el móvil.
Lo puse en silencio.
Luego lo dejé boca abajo sobre la mesa.
Mi madre me miró como si acabara de hacer algo enorme.
Abrí el cuaderno.
“¿Por cuál empezamos?”
Parpadeó.
“¿Hoy?”
“Sí. Hoy.”
“Pero tu tren…”
“Se irá sin mí.”
Por un momento no dijo nada.
Luego le tembló un poco la boca.
No lloró.
Pero en sus ojos volvió una luz que yo no veía desde hacía años.
Leí una línea.
“Sopa de ajo.”
Ella sonrió apenas.
“Falta pan del bueno.”
“Pues vamos a comprarlo.”
“¿Ahora?”
“Ahora. Pero despacio.”
Se puso el abrigo.