Uno de ellos, dirigido a Rodrigo días antes de la gala, decía:
«Elena pregunta demasiado. Contrólala, pero nada de marcas en la cara».
Cuando leí aquella frase, recordé cada desayuno en que mi suegra me vio esconder los brazos bajo mangas largas.
Su indiferencia nunca había sido inocente.
Había ayudado a administrar el negocio y también el aspecto presentable de nuestra violencia doméstica.
Arturo fue el primero en colaborar con los fiscales.
Admitió que la supuesta asesoría de Horizonte no existía y entregó registros de los pagos.
Beatriz terminó aceptando su participación en los delitos financieros y en los intentos de entorpecer la investigación.
Su casa de descanso y otros bienes quedaron sujetos a reparación del daño.
Años después recibiría una condena de cuatro años de prisión.
Arturo, inhabilitado para ejercer, fue sentenciado a ocho.