Su perro recibió una bala por salvarlo, pero lo que hizo el pueblo tres días después lo cambió todo

—¿Bruno?

Asentí.

—Está grave.

No dije más.

Pagué el café y salí.

Me senté en la patrulla.

El espacio donde normalmente viajaba Bruno estaba vacío.

Nunca me había parecido tan grande.

Al día siguiente regresé a la cafetería.

Entré pensando únicamente en conseguir café y volver a la clínica.

Entonces vi el mostrador.

Habían colocado un frasco transparente.

Tenía billetes de veinte, cincuenta, cien y doscientos pesos.

Junto al frasco había un dibujo hecho con colores.

Era un perro pastor alemán.

Debajo se leía, con letras torcidas de niño:

“PARA BRUNO. ÉL TAMBIÉN ES DE TODOS NOSOTROS.”

Me quedé inmóvil.

Mariana fingió estar acomodando unas cosas.

—Mi hijo hizo el dibujo —dijo finalmente—. Siempre corre a la ventana cuando pasan ustedes cerca de su escuela.

Miré otra vez el frasco.

Había más dinero del que esperaba.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Proudly powered by WordPress | Theme: Justread by GretaThemes.