5. Mientras las otras cinco damas de honor se preparaban con sus vestidos lavanda, mi hermana me señaló una bolsa en el suelo. Dentro había un vestido naranja espantoso, tres tallas más grande. “Póntelo o vete, nadie te necesita aquí”, me dijo delante de todas. Respiré hondo, me lo puse y no reclamé nada. Pero esa misma noche, su esposo descubrió por qué mi vestido era diferente, y todo cambió…

PARTE 2

Tres semanas antes de la boda, me había encontrado con Renata, la hermana menor de Andrés, en un supermercado de Puebla.

Renata era de esas personas que podían conversar contigo cinco minutos y hacerte sentir como si te conocieran desde siempre.

Mientras esperábamos para pagar, me preguntó cómo iban los preparativos.

—Muy bien. Verónica está emocionadísima —contesté.

Renata dudó unos segundos.

—Lucía, ¿puedo preguntarte algo extraño?

Asentí.

—¿Tú elegiste un vestido diferente al de las demás damas?

Sentí un escalofrío.

—No. Verónica dijo que todas usaríamos el mismo modelo.

Renata frunció el ceño.

—Qué raro. Estoy ayudando a coordinar los pedidos con el proveedor y vi una copia de la orden. Hay cinco vestidos lavanda y uno completamente distinto, naranja y talla doble extra grande. Ese último aparece con tu nombre.

Me quedé sin palabras.

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