«No empieces con tus dramas.»
La miré sin entender.
Sofía estaba llorando en el suelo.
Mi madre seguía de pie frente a ella.
«Mamá, apártate.»
«Tu hija necesita aprender límites.»
«Tiene cuatro años.»
Intenté pasar, pero Verónica volvió a bloquearme.
«Controla a tu niña antes de que arruine la comida.»
Algo dentro de mí se apagó.
No exploté.
No grité.
Aparté la mano de mi hermana, me arrodillé y levanté a Sofía.
Ella se aferró a mi cuello.
«Mami, yo no quería romperlo.»
Sentí que esas palabras me atravesaban.
Metí la mano dentro del pequeño conejo de peluche que llevaba abrazado desde que llegamos.
Meses atrás, después de que un desconocido siguiera a Sofía y a su niñera cerca del jardín de niños, Andrés había colocado dentro un pequeño dispositivo de emergencia.