Dos hombres comenzaron a sacar un enorme espejo antiguo.
Luego una cómoda.
Después una pintura que había pertenecido a mi abuela.
Mi madre estaba intentando vaciar la casa.
Y todavía no sabía que legalmente necesitaba mi firma para hacerlo.
Parte 3
No entré.
Me estacioné al otro lado de la calle y llamé a Herrera.
«Están sacando muebles.»
«Toma fotografías. No intervengas sola.»
Fotografié el camión, las placas y cada pieza que pude reconocer.
Cuando los hombres cerraron las puertas traseras, vi el nombre de la empresa.
Restauración Robles.
Aquello despertó un recuerdo.
La noche anterior, después de contarle a Andrés lo del fideicomiso, había buscado una caja de cedro que perteneció a mi padre.
Dentro había encontrado una pequeña llave de latón.
Tenía grabadas dos letras.
RR.
Seguí el camión.
No me enorgullece decirlo, pero tampoco me arrepiento.