Durante la cena de Pascua, mi madre jaló del cabello a mi hija de 4 años y la hizo caer al piso mientras mi hermana gritaba: “¡Lárguense antes de arruinar la cena!”. No discutí. Abracé a mi niña, tomé mi bolso y me fui. Ellas no sabían que el sobre que llevaba dentro podía poner en peligro la casa que tanto querían conservar.

Dos hombres comenzaron a sacar un enorme espejo antiguo.

Luego una cómoda.

Después una pintura que había pertenecido a mi abuela.

Mi madre estaba intentando vaciar la casa.

Y todavía no sabía que legalmente necesitaba mi firma para hacerlo.

Parte 3

No entré.

Me estacioné al otro lado de la calle y llamé a Herrera.

«Están sacando muebles.»

«Toma fotografías. No intervengas sola.»

Fotografié el camión, las placas y cada pieza que pude reconocer.

Cuando los hombres cerraron las puertas traseras, vi el nombre de la empresa.

Restauración Robles.

Aquello despertó un recuerdo.

La noche anterior, después de contarle a Andrés lo del fideicomiso, había buscado una caja de cedro que perteneció a mi padre.

Dentro había encontrado una pequeña llave de latón.

Tenía grabadas dos letras.

RR.

Seguí el camión.

No me enorgullece decirlo, pero tampoco me arrepiento.

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