La mujer que compraba grandes cantidades de carne cada mañana y el motivo que sorprendió a todo el pueblo

—Parece que hoy ese vehículo decidió descansar.

Clara sonrió, aunque parecía preocupada.

—Tengo que llevar estas bolsas antes de que pase demasiado tiempo.

—Puedo llevarla —respondió Ernesto.

Por primera vez, la mujer dudó.

Miró las bolsas.

Miró la carretera.

Finalmente aceptó.

—Está bien. Pero necesito que me prometa algo.

—¿Qué cosa?

—No sacar conclusiones antes de llegar.

Don Ernesto no entendió el comentario, pero aceptó.

## El camino hacia las afueras

Subieron todas las bolsas a la camioneta de Ernesto y comenzaron a conducir.

Atravesaron el pueblo, pasaron junto al viejo cementerio y continuaron por una carretera rodeada de árboles.

Después de unos veinte minutos, Clara indicó un pequeño camino de tierra.

—Es por aquí.

El vehículo avanzó lentamente.

A ambos lados aparecieron terrenos abandonados, árboles frutales y antiguas construcciones que parecían llevar años sin habitantes.

Finalmente llegaron hasta una propiedad cercada.

Había una casa

parte2

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