La mujer que compraba grandes cantidades de carne cada mañana y el motivo que sorprendió a todo el pueblo

Entonces, ¿para quién compraba tanta comida?

Algunos comenzaron a imaginar explicaciones.

Unos decían que quizás preparaba comida para vender.

Otros aseguraban que debía tener algún pequeño negocio del que nadie sabía.

También aparecieron versiones mucho más exageradas, como suele ocurrir cuando la imaginación comienza a sustituir a los hechos.

Sin embargo, Clara nunca daba explicaciones.

Después de salir de la carnicería, caminaba hasta una camioneta antigua de color blanco que estacionaba cerca de la plaza.

Subía las bolsas, arrancaba y tomaba la carretera que conducía hacia las afueras del pueblo.

Aquella carretera terminaba cerca de una zona de campos y pequeñas fincas.

Era precisamente ese detalle el que aumentaba el misterio.

## La curiosidad fue creciendo

Pasaron varias semanas.

Cada mañana se repetía exactamente la misma escena.

Clara compraba grandes cantidades de carne, cargaba las bolsas en su vehículo y desaparecía durante varias horas.

Al mediodía regresaba al pueblo.

Nunca llevaba mercancía.

Nunca parecía haber vendido nada.

La historia comenzó a circular por todas partes.

Hasta los jóvenes que se reunían cerca de la plaza conocían ya la famosa rutina de doña Clara.

Pero ella parecía completamente ajena a los comentarios.

Saludaba a todos con educación y continuaba con su vida.

Don Ernesto, que la conocía desde hacía más de veinte años, jamás quiso preguntarle directamente.

—Si ella necesita comprar carne, yo se la vendo —decía—. Lo que haga después pertenece a su vida.

Sin embargo, incluso él tenía curiosidad.

Una mañana sucedió algo inesperado.

La camioneta de Clara no arrancó.

Después de varios intentos, el motor simplemente dejó de responder.

Don Ernesto salió de la carnicería.

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