La esposaron frente al tribunal por parecer una intrusa, pero nadie imaginaba quién era realmente esa mujer

Una tarjeta plastificada salió de ella y se deslizó por el suelo.

Elena dio un pequeño paso.

—Esa es mi identificación.

Arturo acercó el teléfono.

—A ver qué tenemos aquí.

Antes de que Elena pudiera agacharse, Salgado puso un pie delante de ella.

—Quietecita.

Arturo tocó la tarjeta con el zapato y la empujó accidentalmente hacia una jardinera.

—Parece cualquier credencial —dijo.

La tarjeta desapareció bajo unas hojas.

parte2

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