La esposaron frente al tribunal por parecer una intrusa, pero nadie imaginaba quién era realmente esa mujer

—Última vez —dijo Salgado—. Dígame qué hace aquí.

—Tengo una oficina dentro.

El agente joven, Mateo Cruz, de 25 años, miró a su compañero.

Llevaba apenas ocho meses trabajando en seguridad pública y todavía tenía esa costumbre de observar primero al veterano antes de decidir qué hacer.

—Señora —dijo Mateo—, si tiene una credencial, enséñela.

Elena lo miró.

—Eso intento desde hace varios minutos.

A pocos metros, varias personas empezaron a detenerse.

Un repartidor bajó la velocidad. Una mujer que llevaba a su hijo a la escuela sacó el teléfono. Un señor que vendía café desde un pequeño puesto dejó de acomodar vasos.

Entonces apareció Arturo Valdés.

Arturo era abogado defensor y tenía una audiencia a las nueve en la sala 4. Había llegado temprano, vio el altercado y levantó el teléfono.

En vez de preguntar qué ocurría, inició una transmisión en directo.

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