Daniela bebió un poco de champaña.
—Entonces en unos días eres viudo.
—Viudo millonario.
—Y sin Valeria metiéndose en tus cuentas.
Mauricio rio.
—Ella nunca entendió de negocios.
Casi sonreí.
Esa fue la frase que terminó de enfriar algo dentro de mí.
Nunca entendió de negocios.
Durante años había permitido que Mauricio creyera eso.
Cuando nos conocimos, yo había usado únicamente el apellido Salazar, el de mi madre.
No porque me avergonzara de Montemayor.
Porque estaba cansada de que la gente cambiara al descubrirlo.
Grupo Montemayor controlaba participaciones en transporte, energía, construcción, alimentos, bienes raíces y fondos de inversión.
Mi abuelo lo había fundado.
Mi padre lo había convertido en un conglomerado nacional.
Y cuando ambos murieron con pocos años de diferencia, el control accionarial terminó en mis manos.
Yo tenía veintisiete años.
Aprendí muy rápido que el dinero atraía afecto falso.