La esposaron frente al tribunal por parecer una intrusa, pero nadie imaginaba quién era realmente esa mujer

Miró el número de identificación del uniforme de Salgado.

Después el de Mateo.

Luego observó dónde estaba el bolso, dónde había terminado su credencial y quiénes estaban grabando.

—Quiero que recuerde esta mañana, agente Salgado.

Él sonrió.

—Claro que la recordaré.

—Me alegra.

—Será una historia divertida.

Elena levantó los ojos.

—No me refería a eso.

Salgado dejó de sonreír.

—Entonces, ¿a qué se refiere?

—A que hay cámaras del tribunal, cámaras particulares y una cámara corporal encendida en su uniforme. Algún día le preguntarán qué hizo aquí. Conviene que recuerde exactamente sus palabras.

Salgado miró instintivamente hacia su pecho.

La pequeña luz de su cámara seguía activa.

Arturo Valdés acercó nuevamente el teléfono al rostro de Elena.

—Sonría para la transmisión.

Elena lo miró directamente.

—Nos veremos dentro, licenciado Valdés.

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