—No permitáis que una mala experiencia os haga renunciar a vuestro futuro. Caminad con humildad, defended vuestra dignidad y nunca dejéis que el rencor ocupe el lugar de vuestros sueños.
Un día, al ver a sus hijos avanzar en la vida, aquella madre comprendió que la mayor bendición no consistía en demostrar que sus enemigos estaban equivocados, sino en ver a sus hijos convertirse en personas buenas, fuertes y felices.
Entonces levantó sus manos al cielo y dio gracias a Dios.
Hoy, esta oración también es para ti y para tus hijos:
Que Dios bendiga a cada uno de tus hijos. Que encuentren puertas abiertas donde antes solo había obstáculos. Que tengan salud, sabiduría, paz y fuerzas para superar las dificultades. Que nunca les falte el amor de una familia que los apoye ni la valentía para perseguir sus sueños.