Pero tampoco es justo que tú continúes siendo un secreto.”
Tuve que dejar de leer.
Miré a Valentina.
—¿Qué secreto?
Ella comenzó a llorar otra vez.
—Su esposo era mi papá.
No reaccioné.
Creo que mi cerebro simplemente se negó a procesarlo.
—Gabriel.
—Sí.
—Mi Gabriel.
Asintió.
—Mi mamá se llamaba Verónica.
El nombre me resultaba vagamente conocido.
Después recordé.
Verónica Reyes.
Había trabajado años atrás en una empresa donde Gabriel realizaba consultorías.
Una vez incluso coincidí con ella durante una cena.
Sentí náuseas.
—¿Cuántos años tienes?
—Trece.
Hice el cálculo.
Valentina había nacido mientras Gabriel y yo todavía estábamos casados.
No durante una separación.
No antes de conocerme.
Durante nuestro matrimonio.
—¿Lucy sabía esto?
—Sí.
—¿Cómo?
Valentina explicó que casi tres años antes había comenzado a buscar información sobre su padre.
Su madre le había contado muy poco.
Solo tenía un nombre.
Gabriel Morales.
Una fotografía.
Y algunas cartas antiguas.
Buscando en internet encontró una publicación relacionada con su muerte.
Después encontró a Lucy.
Mi hija tenía una cuenta pública donde compartía dibujos.
Valentina le escribió.
“Creo que tu papá también era el mío.”
Lucy pensó inicialmente que era una broma.
Después pidió pruebas.
Verónica terminó hablando con ella.
Le mostró fotografías.
Mensajes antiguos.
Documentos.
No sé exactamente qué información comprobaron.
Pero para Lucy fue suficiente.
La carta continuaba:
“Mamá probablemente va a odiar saber que le oculté esto.
Yo también estoy enojada con papá.
Pero él ya no puede explicar nada.