—¿De dónde sacaste esto?
—Ella me la dio.
—¿Cuándo?
—Hace más de dos años.
—¿Quién eres?
La niña miró a la directora.
Después a mí.
—Me llamo Valentina.
—¿Valentina qué?
No respondió inmediatamente.
Entonces pronunció un apellido que me dejó todavía más confundida.
—Valentina Reyes.
Ese era el apellido de soltera de mi suegra.
El apellido que mi esposo, Gabriel, utilizó durante sus primeros años antes de que su padrastro lo reconociera legalmente.
Gabriel había muerto cinco años antes que Lucy.
Un infarto.
Hasta ese día pensé que conocía todos los secretos importantes de mi familia.
Estaba equivocada.
Nos llevaron a una oficina privada.
Valentina no dejaba de apretar la mochila.
Le ofrecieron agua.
No quiso.
—Quiero saber cómo conociste a Lucy —dije.
La niña sacó un sobre.
En el frente había una letra que reconocería entre un millón.