Pasé a su lado.
La encontré sentada en una silla fuera de la oficina.
Tenía una mochila azul sobre las piernas.
Cabello oscuro.
Ojos grandes.
Las manos apretadas.
Cuando levantó la cabeza, tuve que detenerme.
No era Lucy.
Lo supe inmediatamente.
Pero la directora tenía razón.
Había algo.
La forma de la nariz.
Las cejas.
La manera de inclinar ligeramente la cabeza cuando estaba nerviosa.
Durante un segundo vi a mi hija.
La niña se levantó.
—¿Usted es Elena?
—Sí.
Entonces comenzó a llorar.
—Lucy dijo que usted vendría.
Sentí como si alguien hubiera abierto una puerta debajo de mis pies.
—¿Conociste a mi hija?
Asintió.
—Ella me dijo que si algún día necesitaba ayuda viniera aquí.
Sacó algo de su mochila.
Era una tarjeta escolar.
La fotografía de Lucy.
Su nombre.
Su antiguo número de estudiante.
La tomé con las manos temblando.