Valentina comenzó a contarme historias.
Lucy le llevaba galletas.
Le prestaba libros.
Discutían.
Una vez estuvieron tres días sin hablar porque Valentina llamó cobarde a Lucy por no contarme todavía la verdad.
—¿Qué respondió?
—Me dijo que era muy fácil ser valiente con la madre de otra persona.
Me reí entre lágrimas.
Sí.
Definitivamente Lucy.
Después Valentina me enseñó mensajes guardados.
Uno decía:
“Mi mamá se enoja rápido pero se le pasa rápido.”
Mentira.
Otro:
“Cuando conozcas a Elena no le digas que yo te conté que canta horrible.”
Eso era verdad.
Por primera vez desde la muerte de Lucy tuve material nuevo sobre ella.
Historias que yo nunca había vivido.
Pensamientos que nunca había escuchado.
Eso era doloroso.
Y precioso.
La situación legal de Valentina tardó meses en resolverse.
Su tía reconoció que no estaba preparada para cuidarla.