Mi esposo me fue infiel, así que metí mis cosas en una sola bolsa, subí a nuestros 3 hijos al auto y fui a casa de mis padres. Mi padre me dijo: “Vuelve con tu esposo y arregla tu matrimonio”, mientras mis hermanos se burlaban. No discutí; regresé al auto. Cinco años después, mis padres aparecieron en mi puerta necesitando 1.650.000 pesos.

Nada era perfecto.

Era un hogar normal.

Caótico.

Nuestro.

“Me siento libre.”

Camila sonrió.

Aquella noche, después de acostar a los niños, me quedé sola frente a la ventana de la cocina.

La lluvia corría por el vidrio.

Por primera vez en cinco años pensé en aquella puerta cerrándose sin sentir rabia.

Recordé a la mujer que yo era entonces.

Treinta y cuatro años.

Una maleta.

Tres hijos.

Casi nada de dinero.

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