Parte 2: “Estamos en un motel, mamá.”
Hubo silencio.
Luego suspiró.
“Elena, tienes tres hijos. Un matrimonio puede sobrevivir a cosas peores.”
“¿Peores que once meses de mentiras?”
“No justifico a Mauricio, pero también debes pensar en la estabilidad de los niños.”
Me quedé mirando el espejo del baño.
Mis ojos estaban hinchados.
“Anoche papá dejó a esos niños bajo la lluvia.”
“Tu padre quería obligarte a pensar con claridad.”
Colgué.
Una hora después llegó un mensaje de mi hermano Diego.
“Siempre has sido dramática. Regresa a casa.”
Después escribió Mariana, mi hermana.
“No castigues a los niños solo porque estás enojada con Mauricio.”
Apagué el teléfono.
Esa tarde alquilé durante tres meses un departamento amueblado encima de una lavandería.
Tenía dos habitaciones, una cocina diminuta y paredes tan delgadas que podíamos escuchar al vecino toser.
Camila dormía conmigo.