PARTE 1
Emiliano Duarte apagó las luces de su residencia en Lomas de Chapultepec, tomó una maleta y besó a sus 2 hijas como si aquella mañana fuera completamente normal.
—Solo serán 3 días —les prometió con una sonrisa tranquila—. Pórtense bien.
Daniela, de 11 años, lo abrazó con fuerza. Martina, de 7, se quedó pegada a su pecho unos segundos más, aferrada a un conejo de peluche.
Ninguna sabía que su padre estaba mintiendo.
El avión privado jamás despegó rumbo a Europa. No había reunión de negocios, hotel reservado ni cena con inversionistas.
Menos de 1 hora después, Emiliano regresó por la entrada de servicio acompañado únicamente por Ramiro, su jefe de seguridad.
No quería sorprender a nadie.
Quería observar.
La noche anterior, Patricia, su prometida, había dejado caer una sospecha durante la cena.
—Confías demasiado en Rosa —le dijo en voz baja—. Te roba cosas y está manipulando
El millonario fingió viajar a Europa… y las cámaras revelaron quién aterrorizaba a sus hijas