—Y decidiste entrar gastando con mi tarjeta.
—No lo pensé así.
—Pero lo hiciste.
Diego asintió.
Valeria abrió uno de los cajones de la mesa y sacó
una carpeta sencilla.
No contenía estados completos ni cifras detalladas.
Solo documentos suficientes para responder una pregunta que Diego había hecho demasiado tarde.
—Mis padres no me dejaron sola económicamente —explicó—. Me dejaron dos locales comerciales, inversiones y una participación en una empresa de transporte.
Diego levantó la cabeza.
Valeria observó su reacción con atención.
No hubo alegría.
Primero hubo sorpresa.
Después cálculo.
Fue breve, pero lo vio.
—¿Todo eso es tuyo? —preguntó.
—Sí.
—¿Desde antes de conocerme?
—Sí.
Diego apoyó los codos en las rodillas.
—¿Por qué nunca me dijiste?
—Porque quería saber que quien estuviera conmigo no estaba conmigo por eso.
Él pareció herido.
—¿Entonces me pusiste una prueba durante tres años?