—Aquí dice que lo tuyo sigue siendo tuyo y lo mío sigue siendo mío. Eso fue exactamente lo que pediste.
No tocó el documento.
—Ya no quiero eso.
—Yo sí.
El silencio llenó la cocina.
Finalmente preguntó:
—¿Ahora que sé cuánto dinero tienes necesitas protegerte de mí?
Negué con la cabeza.
—Necesitaba protegerme antes de que lo supieras.
Su mandíbula se tensó.
Entonces dijo algo que terminó de destruir la imagen que todavía conservaba de él.
—Me engañaste.
—¿Cómo?
—Me hiciste creer que eras una mujer normal.
Lo miré durante varios segundos.
—¿Normal significa menos rica que tú?
—Sabes perfectamente lo que quiero decir.
Sí.
Lo sabía.
Había disfrutado creyendo que él era el hombre poderoso de nuestra relación.
Había disfrutado explicándome negocios que yo entendía mejor que él.
Había disfrutado pagando cenas caras frente a sus amigos.