PARTE 1
—¡Ven al hotel ahora mismo! El marido de Fernanda apareció con los papeles del divorcio… ¡y dice que tengo que casarme con ella!
Esas fueron las palabras que mi esposo me gritó por teléfono, treinta minutos después de que yo misma lo fotografiara entrando a un hotel abrazado de mi mejor amiga.
Llevábamos nueve años casados.
Aquella noche, Alejandro me había dicho que tendría una cena con unos clientes en Polanco y que no lo esperara despierta. Yo cené sola en nuestro departamento de la colonia Del Valle y, como no podía dormir, decidí salir a caminar.
Al pasar frente a un hotel de Reforma reconocí su camioneta negra.
Pensé que habían cambiado el lugar de la reunión.
Entonces se abrió la puerta del copiloto.
Bajó Fernanda.
Mi mejor amiga desde la universidad.
La mujer que había estado conmigo cuando murió mi padre. La que fue testigo en mi boda. La que me llamaba “hermana”.