PARTE 2: LA FIRMA FALSA Advertisements

—Esta firma…

Se quedó en silencio.

Mariana sintió un nudo en el estómago.

—¿Qué pasa?

Laura levantó la vista.

—Esta autorización está fechada hace tres años.

—¿Y?

—Usted no tenía conocimiento de este movimiento, ¿verdad?

Mariana negó.

—Nunca firmé una transferencia de ese tipo.

Laura giró el documento.

—Entonces alguien falsificó su firma.

El silencio fue absoluto.

El fideicomiso de seis millones de pesos no había sido el primer intento.

Era el último.

Laura comenzó a revisar los documentos que Mariana había guardado durante años.

Estados de cuenta.

Correos.

Contratos.

Todo empezó a encajar.

Cuando murió Ernesto, el padre de Mariana, dejó una herencia protegida para su hija y su nieto.

El dinero no podía ser utilizado por terceros sin autorización directa de Mariana.

Pero Héctor había encontrado una forma.

Primero consiguió pequeñas firmas.

Documentos disfrazados como trámites bancarios.

Autorizaciones “temporales”.

Papeles que Mariana firmaba porque confiaba en su esposo.

Después involucró a Victoria.

La misma mujer que durante años había repetido:

“Una esposa debe confiar en su marido.”

Ahora esa confianza era el arma que usaban contra ella.

parte2

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