Cuidé sola de mi madre durante dos años… hasta que una noche me preguntó: “¿Por qué no vienen?”
Eran las 4:13 de la madrugada cuando mi madre empezó a gritar otra vez.
“No te vayas… por favor… no me dejes sola…”
Abrí los ojos en la oscuridad y me quedé mirando el techo durante unos segundos. Me dolía todo el cuerpo. La cabeza me pesaba. Llevaba tres noches sin dormir bien.
Pero había tanto miedo en su voz… un pánico tan infantil… que una olvida su propio cansancio.
Me levanté rápido y entré en su habitación.Mi madre estaba sentada en la cama, completamente confundida. El camisón estaba mojado. Le temblaban las manos.
“Mamá… soy yo… todo está bien…”
Me miró con miedo.
“¿Quién es usted?”
Esas tres palabras me rompían igual cada vez.
Hace dos años, el médico dijo: Alzheimer.