PARTE 2 / Fragmento completo: Una humilde criada que había pasado años al servicio de una poderosa familia millonaria…

—¡Idan, vuelve aquí!

Pero el niño entró corriendo.

Tenía apenas unos años.

Sus ojos estaban llenos de lágrimas.

Corrió directamente hacia Clara.

—¡Clara!

Ella se levantó.

El niño la abrazó con todas sus fuerzas.

—¡Ella no robó nada!

El juez pidió silencio.

La niñera intentó llevárselo.

—Lo siento muchísimo, señoría. Se escapó cuando escuchó que estaban hablando de Clara.

Pero Idan se negó a moverse.

—¡Yo sé quién lo hizo!

La sala quedó completamente en silencio.

Adam se puso de pie.

—Idan, ven conmigo.

El niño negó con la cabeza.

—¡No!

Miró a su padre.

—Tú dijiste que no podía decirlo.

Adam palideció.

Clara dejó de respirar.

—¿Qué has dicho? —preguntó el juez.

El abogado de los Hamilton se levantó inmediatamente.

—Señoría, el niño es demasiado pequeño para…

—Quiero escucharlo —interrumpió el juez.

Idan se secó las lágrimas.

—La abuela escondió la caja.

Margaret se quedó completamente inmóvil.

—Idan… —susurró.

El niño señaló hacia ella.

—La vi.

Un murmullo recorrió la sala.

Adam miró a su madre.

—Mamá…

Margaret negó con la cabeza.

—Está confundido.

Idan empezó a llorar otra vez.

—¡No estoy confundido!

Después miró a Clara.

—La abuela puso la caja en el armario de su habitación.

El juez pidió que todos guardaran silencio.

—¿Cómo sabes eso?

Idan respondió:

—Porque estaba jugando con mis coches debajo de la mesa.

Hizo una pausa.

—La vi sacar la caja.

Margaret se levantó bruscamente.

—¡Eso es mentira!

El juez golpeó la mesa.

—¡Silencio!

Entonces Idan dijo algo que hizo que Adam se quedara completamente blanco.

—Papá también la vio.

Clara miró a Adam.

—¿Qué?

Adam no respondió.

El niño continuó:

—Papá dijo que no dijera nada porque la abuela estaba enfadada.

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