Desaparecieron.
Volvieron.
Finalmente respondió:
“¿Abogada?”
Sonreí.
“Sí. Si él es tu premio, puedes quedártelo completo. Incluyendo las consecuencias”.
Después apagué el teléfono.
Dormí sorprendentemente bien.
Roberto llegó a las siete de la mañana.
Escuché la puerta.
Me levanté.
Me puse una bata.
Cuando entró en la cocina parecía nervioso.
—Tenemos que hablar.
—Sí.
—Valeria hizo algo estúpido.
Aquella frase me confirmó todo.
No preguntó de qué estaba hablando.
Ya lo sabía.
—¿Estúpido?
—Te envió una fotografía sin mi permiso.
Me quedé observándolo.
—Interesante que tu problema sea la fotografía.
—Laura…
—No el hecho de que estuvieras en su cama.
Guardó silencio.
—¿Desde cuándo?
—No es tan sencillo.
—La pregunta sí lo es.
Se sentó.
—Ocho meses.
Sentí una presión en el pecho.
Ocho meses.
Cumpleaños.
Navidad.
Nuestro aniversario.
Las vacaciones familiares.
Durante todo aquello existía otra mujer.