La amante de mi esposo me envió una foto para humillarme, pero no esperaba mi respuesta.

Colgué.

Roberto regresó meses después.

No para vivir.

Para hablar.

Parecía más delgado.

Había terminado con Valeria.

La otra mujer aparentemente tampoco había sido nada serio.

Se sentó en el mismo lugar de la cocina donde meses antes me había pedido que no destruyera nuestra familia.

—Estoy yendo a terapia —dijo.

—Me alegra.

—Entendí muchas cosas.

No respondí.

—No fue culpa tuya.

Aquello me molestó.

—Nunca pensé que lo fuera.

En realidad sí lo había pensado.

Durante las primeras semanas me pregunté si debí ser más cariñosa.

Más delgada.

Más divertida.

Más joven.

Más atenta.

Después comprendí que una relación puede tener problemas y aun así existen muchas alternativas antes de engañar.

Hablar.

Pedir ayuda.

Separarse.

Divorciarse.

La infidelidad había sido una decisión suya.

—Quiero recuperar nuestro matrimonio —dijo.

Lo miré.

Había imaginado muchas veces escuchar esas palabras.

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