—Mamá me dijo que si algún día le pasaba algo… no dejara que el tío Adrián encontrara ese oso.
Sentí que se me helaba la sangre.
Porque Adrián no era un desconocido.
Era el hermano del difunto esposo de Mariana.
Y era también uno de los empresarios inmobiliarios más poderosos de Querétaro.
No podía imaginar todavía lo que descubriría dentro de aquella memoria.
Pero después de escuchar a Camila comprendí algo aterrador:
mi hermana probablemente sabía que iba a morir.
Y alguien de nuestra propia familia podría haber estado esperando que sus cuatro hijos murieran con ella.
No podía creer lo que estaba a punto de descubrir…
PARTE 2
A las dos de la mañana conecté la memoria USB a mi computadora.
Pedía una contraseña.
Probé fechas importantes hasta recordar que Mariana siempre utilizaba el cumpleaños de Renata para proteger archivos personales.
Funcionó.
Aparecieron decenas de carpetas con escrituras digitalizadas, contratos, movimientos bancarios, capturas de correos y hojas de cálculo.
Por mi trabajo reconocí inmediatamente el patrón.
Alguien estaba adquiriendo propiedades de adultos mayores mediante poderes falsificados, vendiéndolas rápidamente y enviando el dinero a sociedades creadas únicamente para ocultar al beneficiario final.
Había casas en Querétaro, San Juan del Río, Celaya y municipios cercanos.
Millones de pesos.
Pero lo que me dejó sin aire fue encontrar una carpeta llamada:
“ADRIÁN – PRUEBAS FINALES”.