Adrián siguió gritando mientras lo metían en la patrulla.
Medina fue detenido esa misma mañana.
El análisis de sus cuentas demostró que llevaba años recibiendo depósitos vinculados a empresas relacionadas con Adrián.
No solo había participado en encubrir la muerte de Mariana. También había ayudado a intimidar a personas que reclamaban propiedades robadas.
El doctor Rojas aceptó colaborar con la Fiscalía a cambio de que su confesión fuera considerada durante el proceso.
Perdió su cargo y enfrentó cargos por falsificación de documentos, encubrimiento y corrupción.
Pero para mí lo más difícil no fue observarlos detenidos.
Fue contarles a mis sobrinos la verdad.
Camila ya entendía parte de lo ocurrido.
Los demás no.
Una psicóloga especializada en atención infantil me ayudó a explicarlo de una forma que pudieran comprender.
Renata hizo la pregunta que llevaba semanas temiendo:
—¿Mi tío Adrián hizo que mamá se fuera?
No supe qué responder.
La psicóloga me miró.
Yo tomé las manos de mi sobrina.
—Tu mamá descubrió que algunas personas estaban haciendo cosas muy malas. Intentó proteger a mucha gente. Una de esas personas le hizo daño.
—¿Fue el tío?
Asentí.
Renata comenzó a llorar.
—Pero él me regaló mi bicicleta.
Esa frase me destrozó.
Porque los niños creen que la gente mala siempre parece mala.
No entienden que algunas personas pueden abrazarte, comprarte regalos, sentarse en tu mesa y aun así traicionarte cuando sus intereses están en peligro.
Camila no lloró.
Solo apretó los puños.
—Yo le creí cuando dijo que la policía nos iba a separar.
La abracé.
—Tú protegiste a tus hermanos. Nada de esto fue responsabilidad tuya.
Por primera vez desde que la encontré con aquel bat entre las manos, se permitió comportarse como una niña.