El encuentro que nunca ocurrió
A finales de agosto, Jason nos invitó a una parrillada en su casa. Parecía perfecto. Una noche informal, comida a la parrilla, algo de beber, sin la incomodidad de un restaurante o una cena formal. Solo una oportunidad para que Richard y Jason se conocieran con naturalidad.
Sin embargo, durante el trayecto, Richard se veía inusualmente tenso.
—¿Y si me odia? —preguntó.
Me reí. —No te va a odiar.
—No puedes saberlo.
—Es protector, nada más.