
Un día, cuando parecía que la enfermedad se había vuelto más agresiva, ella expresó un deseo que había guardado en silencio: quería casarse, aunque fuera de la forma más sencilla, antes de que su cuerpo no pudiera resistir más. No por romanticismo superficial, sino porque quería sellar su amor con un “sí” que trascendiera el tiempo. Quería, aunque fuera por un día, sentirse como la novia que siempre soñó ser.