PARTE 2: EL DISCURSO DE MI HIJO CONVIRTIÓ MI CUMPLEAÑOS EN UNA NOCHE QUE MI ESPOSO JAMÁS OLVIDARÍA

—Pero sí necesito que me respetes.

Damon se pasó una mano por el cabello.

—Yo solo pensaba que el vestido era demasiado llamativo.

—Entonces podrías haberlo dicho de otra manera.

—No quería que la gente hablara de nosotros.

Aquella respuesta me dolió más que cualquier otra.

—¿La gente? ¿De verdad te preocupa más lo que piensen unos desconocidos que cómo me siento yo?

No contestó.

—Cuando me miraste afuera del restaurante, no te preocupaba que yo estuviera incómoda. Te preocupaba que otras personas me vieran con un vestido que tú considerabas inapropiado.

Damon bajó la cabeza.

Por primera vez, pareció comprender la diferencia.

—Lo siento —murmuró.

Esperé.

Durante años había deseado escuchar aquellas palabras después de una discusión.

Pero ahora me di cuenta de que no eran suficientes.

—¿Por qué lo hiciste, Damon?

Frunció el ceño.

—¿Qué quieres decir?

—¿Por qué te molesta tanto que me sienta bien conmigo misma?

Permaneció en silencio durante tanto tiempo que pensé que no respondería.

Finalmente, se sentó en el sofá.

—Últimamente siento que todo está cambiando.

Me quedé de pie frente a él.

—¿Qué está cambiando?

—Los niños ya no nos necesitan como antes. Tú has empezado a salir más con tus amigas. Has vuelto a hacer ejercicio, a comprarte ropa y a dedicarte tiempo. Y yo…

Se interrumpió.

—¿Tú qué?

Se frotó la cara con ambas manos.

—Siento que te estoy perdiendo.

No esperaba aquella respuesta.

Durante un instante, vi al hombre con el que me había casado.

Al joven que me esperaba fuera de mi trabajo con flores baratas.

Al hombre que me había tomado de la mano cuando nació nuestro primer hijo.

Al compañero con el que había construido una vida.

Pero recordar aquellos momentos no borraba lo que había sucedido.

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