—Siempre te dije que era demasiado orgullosa.
Alejandro estacionó frente al edificio y subió al departamento convencido de que encontraría a Valeria llorando, quizá preparando la tarjeta y los bolsos para entregárselos.
Pero al abrir la puerta se encontró con un silencio extraño.
La sala estaba casi vacía.
Faltaban los cuadros.
Faltaban las plantas.
Faltaba la computadora de Valeria.
Incluso