Esperanzas.
Decepciones.
Finalmente habíamos aprendido a construir una vida distinta.
Una vida que también amábamos.
Por eso aquella frase me cayó como una piedra.
“Ernesto.”
Él ya había encendido la camioneta.
Apagó el motor otra vez.
“Necesito saberlo.”
Debió notar que estaba a punto de imaginar algo mucho peor.
Bajó.