Capítulo 2 — La carta que cambió cuarenta años de dolor

—¿Qué quieres decir con “todavía”?

Se sentó lentamente en el suelo.

—Mi padre me contó algo hace muchos años.

Sentí un nudo en el pecho.

—¿Qué te contó?

—Me dijo que nunca debíamos hablar de Clara ni de tus hijos.

—¿Por qué?

Mi sobrino bajó la cabeza.

—Porque decía que era la única forma de mantenerte con vida.

Me quedé mirándolo.

—¿Mantenerme con vida de quién?

No respondió.

Entonces saqué la nota de mi hermano.

—Tu padre escribió esto el día anterior a la desaparición.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Lo sé.

Aquellas dos palabras hicieron que todo dentro de mí se rompiera.

—¿Lo sabías?

—No todo.

—¡¿Qué sabías?!

Se estremeció.

—Sabía que tu hermano ayudó a Clara a desaparecer.

Sentí que las piernas me fallaban.

Durante cuarenta años había llorado a mis hijos como muertos.

Había llevado flores al río.

Había celebrado cumpleaños frente a habitaciones vacías.

Y mi propio sobrino había crecido sabiendo que aquella historia era mentira.

—¿Dónde están? —pregunté.

—No lo sé.

—Entonces dime quién podría saberlo.

Mi sobrino tardó unos segundos en contestar.

—Tu hermano dejó una dirección.

Abrí inmediatamente el mapa encontrado en la caja.

Mi dedo recorrió la ruta marcada.

La localidad estaba en otro país.

Y debajo del mapa había un nombre escrito a mano.

Puerto Esperanza.

Mi sobrino lo miró.

—Mi padre siempre decía que nunca debíamos acercarnos allí.

—¿Por qué?

—Porque allí vivía alguien que podía destruir a nuestra familia.

Me levanté lentamente.

—Voy a ir.

—Tío, tienes más de setenta años. No puedes simplemente viajar a otro país siguiendo una nota de hace cuarenta años.

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